Guillem López Casasnovas cuando acaba la entrevista dice que no hemos hablado mucho de economía, que es su ámbito. Sin querer, este menorquín, catedrático de la Universitat Pompeu Fabra, de quién es imposible de sintetizar el currículum, nos permite de entrar por la rendija que hay entre política y economía. Deja claro que primero es la política y después la economía. Él, que ha pasado años haciendo de ‘cuota catalana’ en Madrid, hace observaciones agudas sobre aspectos poco conversados de Ciutadans, del PP, del PNV… y las aprovechamos como un regalo para la inteligencia.

Replica Gabilondo con la misma contundencia que nos dice que no le gusta que la independencia se explique cómo si fuera el cuento de Alicia en el país de las maravillas, por respecto a la democracia. Hace un año publicó el libro El bienestar desigual. Lo que queda de los derechos sociales después de la crisis. Sabe de que habla porque es su tema de estudio. Muestra las aristas escondidas por los tópicos de terrenos tan poco sencillos como la jubilación y la solidaridad intergeneracional.

—Mirando atrás, ¿la Generalitat tenía que haber creado un banco propio? ¿Ni que fuera a partir del Instituto Catalán de Finanzas (ICF)?

—Esto es muy complicado de responder. El ICF, entre el 2015 y 2016 pidió ficha bancaria en el Banco de España. Hicieron rodar la solicitud por activa y por pasiva. Yo me interesé y la primera respuesta fue que había una pregunta parlamentaria de ERC sobre este punto y que el Banco de España no resolvería nada en un contexto de conflicto político. Se trataba de ver si el ICF podía ser como el Instituto de Crédito Oficial (ICO). Cosa diferente era configurar un verdadero Banco de Cataluña.

—Estaba todo a punto para aprobar la ley de creación del Banco de Cataluña, pero no se hizo. ¿Sabes por qué? ¿Habría servido?

—Como tantas otras leyes de la transición nacional. Sin coacción posible ni con la coerción deseable, no fue factible.

—¿Se habrían podido pagar las nóminas de los primeros meses de la independencia en caso de contar con un banco propio?

—Las nóminas se habrían tenido que pagar con una operación de tesorería, probablemente vía crédito de fondo extranjero. Siempre hay alguien que, a cambio de una correspondiente prima de riesgo alta, está dispuesto a dejar dinero.

—¿La intervención de las finanzas de la Generalitat fue una traba decisiva para la declaración de la independencia?

—El hecho de tener las cuentas intervenidas no fue decisivo. Si no puedes mandar en tus fronteras, no puedes declarar la independencia. Estas son acciones de poder político, no económico. Las económicas se procuran después. En todo caso, yo soy de los ingenuos que no me esperaba una respuesta tan dura por parte del nacionalismo español como la vivida.

—Para entenderlo: ¿financiarse externamente habría sido compatible con unas finanzas intervenidas?

—Sí, con el endeudamiento. Está claro que no te entraría a través de la tesorería del Banco de España, sino de alguna otra. El ICF lo habría podido hacer. Todo esto no habría sido legal, está claro, pero también habrían sido fuera de la legalidad española las otras acciones que se hubieran hecho. La tentativa secesionista requería primer soberanía política y después soberanía fiscal, que quiere decir que la retención de las nóminas y de los intereses bancarios ya se tenían que ingresar a la Agencia Tributaria Catalana. Y si no la policía administrativa y el poder judicial tendría que actuar. Si se hubieran cumplido las dos anteriores, la financiera, con una operación de tesorería, era la más sencilla

—Que te hayan llamado “traidor” por el hecho de decir que la deslocalización de empresas no había afectado la economía, ¿qué tal?

—No sé qué deciros. Yo creo que no me lo merecía y creo que quién me lo dijo, también lo sabe. Teniendo en cuenta quién y como me hizo la recriminación, no soy rancorós, pero no me gustó. Siempre he procurado decir qué pienso amparado en el que sé y estudio en el mundo académico, en el ámbito en que me muevo todas las horas del día. En la universidad no tenemos grandes salarios, pero mi libertad de cátedra es total. Esto, para mí, no tiene precio que lo pague.